¿Cuál Es el Plan de Dios para la Organización de la Iglesia?

¿Cuál Es el Plan de Dios para la Organización de la Iglesia?

Pregunta:

“En el mundo religioso se puede ver diferentes tipos de organizaciones eclesiásticas. ¿Cuál es la estructura organizativa que Dios aprueba para la iglesia?”.

Respuesta:

Jesús prometió edificar Su iglesia (Mateo 16:18), y el Padre le constituyó Cabeza de esa iglesia, la cual es Su cuerpo (Efesios 1:22-23). Ya que Cristo es la única Cabeza de la iglesia, no hay lugar para ninguna autoridad humana sobre la iglesia. La única organización de la iglesia que la Escritura registra es la organización de la congregación local. No existe autoridad bíblica para ninguna organización adicional a la congregación local, tal como una convención, asociación o sínodo.

Cristo escogió a los apóstoles para dirigir a la iglesia al comienzo, y prometió que el Espíritu Santo les guiaría (Juan 16:13). Los milagros que ellos realizaron demostraban que tenían autoridad divina. Ya que los apóstoles no tuvieron sucesores, hoy no existen apóstoles, ni nadie puede tomar el lugar de ellos en la actualidad para hablar autoritativamente a la iglesia.

El sistema que Dios estableció para supervisar el trabajo de la iglesia después que los apóstoles partieran fue un sistema que permitía que cada congregación se auto-gobierne y sea independiente. Cada congregación debía seguir la Biblia, siendo supervisada por hombres a quienes la Escritura hace referencia como ancianos, obispos o pastores. En el Nuevo Testamento, siempre existió una pluralidad de ancianos en cada congregación. No existe ejemplo de un solo anciano o pastor que supervise a una congregación (cf. Hechos 20:17).

Los diáconos son siervos especiales que trabajan bajo la autoridad de los ancianos. Pablo dirigió una carta a los “siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos” (Filipenses 1:1). Cada congregación también tenía una pluralidad de diáconos. Hechos 6:1-6 menciona a hombres como Esteban, quienes hacían la labor de los diáconos, aunque no se les llama específicamente diáconos.

Las cartas de Pablo presentan requerimientos muy específicos para los ancianos y diáconos que se deben cumplir cuidadosamente (1 Timoteo 3:1-9; cf. Tito 1). Estos requerimientos no son opcionales (“es necesario”—vs. 2).

La misión principal del predicador, o evangelista, es “predic[ar] la palabra” (2 Timoteo 4:2). Timoteo no era un pastor u obispo; era un evangelista. Predicaba la Palabra y ayudaba a las congregaciones a nombrar a hombres calificados para laborar como ancianos.

No existe razón para que hoy algunas congregaciones estén organizadas de una manera diferente al primer siglo. Deben tener ancianos que supervisen el trabajo de la iglesia, y diáconos y evangelistas que laboren bajo su guía. Este el patrón de Dios.

[Nota del Editor: Para un estudio del trabajo de la iglesia sin ancianos, vea “¿Qué Debe Hacer la Iglesia en la Carencia de Ancianos (Pastores/Obispos)?”].

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