Behemot: ¿Una Cola como un Cedro?

Behemot: ¿Una Cola como un Cedro?

En Su descripción del behemot, Dios declaró enfáticamente que la criatura “mueve [su cola] como un cedro” (Job 40:17). Pero muchos comentaristas han insistido que se debe identificar al behemot como un elefante, o más probablemente, como un  hipopótamo (cf. la nota al pie de página de la NVI en Job 40:15: “Posiblemente el hipopótamo o elefante”). Ya que ambos animales tienen colas muy pequeñas, se debe explicar de otra manera la comparación de la cola del behemot con un cedro.

Una explicación es declarar que el término “cola” (zah-nahv) hace referencia a una añadidura general, y así que puede significar la “trompa” de un elefante (e.g., nota de Harris en Harris, et.al., 1980, 1:246). Desde luego, esta posición descarta el enfoque que el behemot sea un hipopótamo. Sin embargo, en cualquier caso, no hay evidencia lingüística que sostenga esta especulación, ya que los lexicógrafos de hebreo definen uniformemente la palabra como la “cola” de un animal (Brown, et.al., 1906, p. 275; Holladay, 1988, p. 90; Davidson, 1850, p. 240; Gesenius, 1847, p. 248; Léxico…, n.d., p. 75). Además, el examen sencillo del uso del término en otros lugares en el Antiguo Testamento confirma esta definición. Al encontrarse 11 veces en el texto bíblico del Antiguo Testamento (Wigram, 1890, p. 389), se usa esta palabra una vez para hacer referencia a la cola de una culebra (Éxodo 4:4), tres veces en Jueces 15:4 para hacer referencia a las colas de zorras, cuatro veces en sentido figurado para hacer referencia a una persona de un nivel bajo en la sociedad, en contraste con la “cabeza”, i.e., personas de nivel alto (Deuteronomio 28:13,44; Isaías 9:14; 19:15; vea Barnes, 1847, 1:197-198,336-337), una vez en sentido figurado para señalar al profeta mentiroso despreciable en contraste con “anciano y venerable” (Isaías 9:15), y una vez en Isaías 7:4 para hacer referencia figuradamente al Rey Rezín de Sira y al Rey Peka de Israel como “cabos [colas] de tizón que humean”. La última referencia es a la cola del behemot en Job. Obviamente, como las zorras de Jueces 15 y la culebra de Éxodo 4, la cola del behemot hace referencia a la cola literal de un animal.

Otra explicación es que solamente una rama del cedro es el punto de comparación con la cola del behemot. Al tener en cuenta esta sugerencia, es difícil creer que Dios enfatizara a Job la cola del hipopótamo, como si esta cola tuviera un mensaje importante que trasmitir a Job. Según esta explicación, Dios estuvo diciendo a Job, “El behemot es una criatura impresionante; ¡tiene una cola como una ramita!”. Ya que el contexto de Job 40 indica que las palabras de Dios tenían la intención de enfatizar a Job su incapacidad de controlar el mundo animal, tal comparación no tuviera sentido; sería ridícula.

El término hebreo traducido “cedro” (ehrez) hace referencia a un árbol de la familia del pino, el cedrus conifera (Gesenius, 1847, p. 78), más específicamente y usualmente, el cedrus libani—el cedro del Líbano (Harris, et.al., 1980, 1:70). El Antiguo Testamento alude frecuentemente al árbol y su madera (algo de 72 veces—Wigram, 1890, p. 154). Los cedros renombrados del Líbano crecían hasta tener una altura promedio de 85 pies, con una circunferencia de tronco de 40 pies, y ramas que se extendían horizontalmente tanto como la altura del mismo árbol (Harris, et.al., 1:70). De hecho, las ramas mismas eran del tamaño de árboles. El Rey Salomón usó extensamente los cedros del Líbano en la construcción de sus proyectos. La Casa del Bosque del Líbano que construyó tenía 45 pies de alto (aproximadamente la altura de un edificio de cuatro pisos), cuyas vigas horizontales se apoyaban sobre hileras de columnas de cedro (1 Reyes 7:2-3). Estos árboles, que ahora no son tan comunes, crecían abundantemente en el tiempo antiguo (cf. 1 Crónicas 22:4; Esdras 3:7; Salmos 92:12; 104:16).

“CUALIDAD PRODIGIOSA”

Así como Ofir era renombrada por la calidad única de su oro (e.g., Isaías 13:12), las alusiones bíblicas al cedro clarifican que se distinguía al árbol por su tamaño, altura y estabilidad enorme. El lexicógrafo respetado, John Parkhurst, aludió a su “cualidad prodigiosa” (1799, p. 678). En su libro de 1878, Tierras Bíblicas, Henry Van-Lennep observó que se conocía al cedro como “la imagen de esplendor y gloria” (p. 146). En su libro, Tierras Bíblicas Ilustradas, Henry Fish describió su majestuosidad:

Sus ramas masivas, revestidas con una textura escamosa casi como la piel de los animales vivos, y marcadas con todas las irregularidades multiformes de la edad, pueden haber sugerido tales ideas de majestuosidad, y casi fortaleza y solidez divina que los escritores sagrados les atribuyen… Naturalmente los poetas hebreos seleccionaron tales…troncos colosales como emblemas de orgullo, majestuosidad y poder (pp. 685-686, énfasis añadido).

El cedro sobresale de entre todos los otros árboles a los que la Biblia alude en términos de tamaño, incluyendo al olivo, la higuera, el sicómoro, el granado, el almendro, la acacia, el mirto, el tamarisco e incluso el roble (Padfield, 2011; “Árboles en la Tierra…”, 2011; Baker 1974).

A menudo se usa metafóricamente el cedro en la Biblia para acentuar estas cualidades en el objeto de comparación. Por ejemplo, considere la predicción de Isaías del día venidero del Señor, que sería un día en que todo lo que era “soberbio y altivo” sería abatido—comenzando con los cedros del Líbano, pero también incluyendo los montes altos, las torres y muros altos, las naves grandes de Tarsis y ciertamente el orgullo y la soberbia del hombre (2:12-18). De igual manera, Dios pronunció juicio sobre el rey asirio poderoso, Senaquerib, ya que él se atrevió a reprender al Señor y jactarse: “Con la multitud de mis carros subiré a las alturas de los montes, a las laderas del Líbano; cortaré sus altos cedros, sus cipreses escogidos; llegaré hasta sus más elevadas cumbres” (Isaías 37:24, énfasis añadido; cf. 2 Reyes 19:23).

Dios declaró por medio del profeta Amós que Él fue Quien permitió que los israelitas ocuparan la tierra de Canaán al arrojar de Palestina al amorreo “cuya altura era como la altura de los cedros” (Amós 2:9, énfasis añadido). Dios instruyó a Ezequiel que presentara una parábola a sus compañeros ciudadanos que describía que una gran águila “vino al Líbano, y tomó el cogollo del cedro” (Ezequiel 17:3), i.e., al oficial más alto (el Rey Jeconías), pero un día Dios tomaría de las ramas más altas del cedro un gran reemplazo, el Mesías (vss. 22-24). Considere las instrucciones de Dios a Ezequiel en cuanto al discurso que debía hacer delante del Faraón egipcio:

Hijo de hombre, di a Faraón rey de Egipto, y a su pueblo: ¿A quién te comparaste en tu grandeza? He aquí era el asirio cedro en el Líbano, de hermosas ramas, de frondoso ramaje y de grande altura, y su copa estaba entre densas ramas. Las aguas lo hicieron crecer… Por tanto, se encumbró su altura sobre todos los árboles del campo, y se multiplicaron sus ramas, y a causa de las muchas aguas se alargó su ramaje que había echado (Ezequiel 31:2-5, énfasis añadido).

Cuando el Rey Amasías trató de incitar al Rey Joás a ir a la guerra, Joás envió una parábola que describía a Amasías como un cardo miserable en contraste al cedro Joás (2 Reyes 14:9). Ezequiel comparó a Tiro a una nave poderosa cuyo mástil fue hecho de un cedro del Líbano (27:5). Zacarías pronunció desastre sobre aquellos que atacaban a Israel, comparando su ruina a la caída del cedro “magnífico” del Líbano (11:2).

En todas estas referencias, el tamaño y la altura son inherentes en la comparación entre los cedros y sus homólogos morales o espirituales. Además, aunque el árbol de cedro, especialmente el cedro del Líbano, era considerado inmenso en su fortaleza y tamaño, el salmista garantizó que solamente la voz del Señor puede romper, quebrar y deshacer al majestuoso cedro (Salmos 29:5). Así que el hecho que Dios enfatizara a Job la cola del behemot, comparándola a un cedro, ciertamente significa que Dios tuvo el propósito de deslumbrar a Job con la magnitud esplendida de solo la cola de tal criatura (¡sin mencionar su cuerpo completo!). La fuerza bruta y el tamaño de esa criatura eran tal que Job incluso no intentaría controlar o dominar al animal. ¿Cuál fue el punto de Dios? El mismo que fue al describir al leviatán: “¿Quién, pues, podrá estar delante de mí?” (Job 41:10).

¿Cuán intimidado hubiera estado Job—qué peso hubiera tenido el argumento de Dios ante Job—si Dios hubiera comparado la cola del behemot a una ramita? ¿Cuán poderoso y efectivo hubiera sido el argumento de Dios en la mente de Job si Dios hubiera estado haciendo referencia simplemente a la cola de un elefante, hipopótamo, rinoceronte o incluso un mamut? El argumento hubiera perdido su fuerza. Se puede comparar mejor la cola de un elefante o un hipopótamo a una cuerda o látigo flexible y corto que se mueve rápidamente de lado a lado—no al movimiento de un cedro que se mueve lentamente debido a su inmensidad. Incluso el propósito de la pequeña cola del hipopótamo no es noble: “El hipopótamo usa su cola como paleta para esparcir excremento, lo cual marca los bordes de su territorio e indica estatus individual” (“Hipopótamo”, s.d.). No, Dios tuvo que estar haciendo referencia a una criatura, con la cual Job estaba familiarizado, que era tan majestuosa y que poseía tal fuerza que incluso su cola superaba el control humano. ¿Qué criatura en la Tierra posee una cola que merece ser comparada a un cedro? No existe tal criatura—excepto el dinosaurio extinguido.

DINOSAURIOS CON COLAS COMO ÁRBOLES

Por ejemplo, considere al Apatosaurio, cuya longitud completa de su cuerpo podía alcanzar los 90 pies, lo cual incluía una cola inmensa que “estaba armada de 82 huesos” (Viegas, 2011). El Argentinosaurio tenía 70 pies de alto (alrededor del tamaño de un edificio de seis pisos), pesaba 100 toneladas y tenía algo de 120 pies de longitud (la longitud de tres autobuses escolares), consistiendo su cola masiva la tercera parte de esa longitud. El Diplodoco era un gigante con una cola enorme, que medía algo de 90 pies, tenía un cuello largo de 26 pies y una cola de 45 pies (Col, 1996a). El nombre de la criatura se deriva de las palabras griegas diploos (doble) y dokos (viga), una referencia a su huesos dobles localizados en la parte inferior de la cola (“Diplodoco”, 2011). Los científicos creen que el Braquiosaurio de 85 pies de largo usaba su cola gruesa para azotar a la mayoría de sus atacantes (Col, 1996b). De igual manera, el Supersaurio medía alrededor de 138 pies, consistiendo su cola, que usaba como protección, tal vez la mitad de esa longitud (Col, 1996c). El Seismosaurio medía de 130-170 pies de longitud, y tenía una cola que contenía al menos una vértebra inusual que le daba una curvatura, y que le permitía usar su cola movible para protección (Col, 1996d). [NOTA: La palabra traducida “mueve” en Job 40:17, viene de un verbo hebreo (chah-phetz) que significa “doblar” (Brown, et.al., p. 343; Harris, et.al., p. 311), “doblar, curvear” (Gesenius, p. 296), “doblar, inclinar” (Davidson, 1850, p. 270), “dejar colgada” (Holladay, 1988, p. 112) o “extender” (Botterweck, 1986, 592)].

EL PUNTO

Imagine a un simple ser humano que abraza a un cedro de 40 pies de circunferencia que tiene 85 pies de alto y que intenta moverlo de un lado al otro como la cola de un animal. ¡Tal escenario es ridículo! Y el punto de Dios fue tan conmovedor y penetrante. La comparación fue suficiente para producir el efecto deseado en Job, quien humildemente exclamó: “Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti… Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía… Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:2-6).

La intimidación contraria de la pseudo-ciencia, que domina la comunidad intelectual del mundo, ha tenido éxito en presionar a muchos a comprometer el texto bíblico con la esperanza de alcanzar lo que ellos perciben como legitimidad y sofisticación académica. Sin embargo, existe evidencia firme para demostrar que Dios creó a los dinosaurios en el sexto día de la Creación, juntamente con los seres humanos (Génesis 1:24-31). Los dinosaurios una vez cohabitaron con los seres humanos (cf. Lyons yButt, 2008). La evidencia también muestra que la criatura increíble de Job 40 era realmente alguna clase de dinosaurio.

Referencias

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Wigram, George W. (1890), La Concordancia Hebrea y Caldea del Antiguo Testamento del Hombre Inglés [The Englishman’s Hebrew and Chaldee Concordance of the Old Testament] (Grand Rapids, MI: Baker), reimpresión de 1980.

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