Anécdotas: Letra C

Codicia (vea Ambición

Compasión

Varios años atrás, un predicador famoso en Atlanta llegó temprano en la mañana al local de la iglesia y vio que una persona vagabunda estaba acurrucada en las escaleras. Justo cuando le iba a sacar del lugar, el vagabundo le paró con una sola pregunta: “¿Es esta una iglesia compasiva?”.

En Allen Webster (sine data), “Lo que se Debe Hacer con la Oveja Descarriada” (Jacksonville, AL: House to House), folleto.

Durante la Primera Guerra Mundial, un reportero estaba observando a una enfermera de la Cruz Roja que limpiaba la herida infectada de un soldado. Después de mirar la escena desagradable por un momento, dijo a la enfermera: “Yo no haría lo que usted hace por un millón de dólares”. La enfermera respondió: “Yo tampoco lo haría”.

En Allen Webster (sine data), “En Busca de Compasión” (Jacksonville, AL: House to House), folleto.

Una maestra de clase bíblica para damas entró tarde a la clase y explicó que en su camino un policía le paró en la carretera. Él preguntó: “¿Por qué eres la persona más rápida en la carretera?”. La mujer respondió: “Enseño una clase en la iglesia, y me hice tarde”. Él preguntó adicionalmente: “¿Cuál es el tema de la lección?”. Mirándole a los ojos, ella respondió: “La Compasión”. El policía le dejó ir con una advertencia.

En Allen Webster (sine data), “En Busca de Compasión” (Jacksonville, AL: House to House), folleto.

Una pequeña niña tardaba en llegar a casa después de la escuela. Su madre caminaba de un lado a otro hasta que la niña finalmente llegó 15 minutos tarde. La madre abrió la puerta y dijo: “¡Cuántas veces te he dicho que vengas directamente a la casa después de la escuela! ¡Estaba muy preocupada! ¡No me hagas esto otra vez!”. La pequeña niña miró a su madre, con lágrimas, y dijo: “No, mamá, tú no entiendes”. “¿Qué es lo que no entiendo?”, su madre dijo airadamente. La niña respondió: “Hoy hubo una clase especial de Recuerdos Familiares y Jenny trajo una muñeca china que su abuelita le dio”. Su madre interrumpió: “No me importa cuán bonita haya sido la muñeca de Jenny, tú no debes quedarte a jugar… ¡Debes venir directamente a casa!”. “No, no, mamá, no entiendes”, respondió la niña. “¿Entender qué?”, preguntó su madre. “Cuando estuvimos caminando de regreso a casa, algunos niños comenzaron a molestarnos. Jenny soltó la muñeca, y la muñeca se rompió en pedazos. Yo me quedé para ayudar a Jenny”. Su madre sonrió y dijo: “Oh cariño, es muy dulce que te hayas quedado atrás ayudando a Jenny a arreglar su muñeca, pero tú todavía debes venir directamente a casa”. “¡No, no, mamá!”, la niña dijo otra vez. “¡La muñeca estaba muy rota, y no pudimos arreglarla! Yo me quedé para ayudar a Jenny a llorar”.

En Allen Webster (2006), “Las Tres Lágrimas del Ojo del Salvador”, De Casa a Casa, 11[4]:1-2.

Compasión, la Experiencia Guía a la

Enrique VIII estaba caminando disfrazado una noche en Londres. Unos guardias se encontraron con él al pie de un puente. Ellos no creyeron que él era el rey, así que le encerraron en una prisión, sin luz ni fuego para calentarse. A su liberación, él otorgó mucho carbón y pan para todos los prisioneros.

En Allen Webster (sine data), “Las Tres Lágrimas de los Ojos del Salvador”, (Jacksonville, AL: House to House), folleto.

Comunicación

Comunicación, Importancia de la

Un ex guarda forestal del Parque Nacional de Yellowstone contó acerca de un guarda que guiaba a un grupo de excursionistas a una escena de fuego forestal. El guarda estaba tan concentrado en hablarles en cuanto a las flores y animales que apagó su radio de comunicación que le “distraía”. Al acercarse a la torre de vigilancia, un guarda casi sin aliento le encontró, y le preguntó por qué no había respondido su radio. Un oso pardo había estado acechando al grupo, y las autoridades habían estado tratando de advertirles acerca del peligro.

En John Hundley (2004), El Sacerdote Perfecto [The Perfect Priest] (Longwood, FL: Xulon), p. 97.

Confianza

Un piloto estaba teniendo problemas en aterrizar su pequeño avión debido a que la neblina no le dejaba ver la pista de aterrizaje, así que el aeropuerto decidió hacerle aterrizar al guiarle por medio del radar. Mientras recibía instrucciones, repentinamente recordó un poste alto en su camino de vuelo. Con pánico se comunicó fervientemente con la torre de control. Se le dio una respuesta directa: “Obedezca las instrucciones; nosotros nos ocuparemos de los obstáculos”.

En Allen Webster (sine data), “Confiar y Obedecer”, (Jacksonville, AL: House to House), folleto.

Aunque parezca imposible, un programa de televisión que precedió a las Olimpiadas de Invierno de 1988 documentó la historia de esquiadores ciegos que eran entrenados para esquiar en eslalon. Acompañados de esquiadores que podían ver, se enseñó a los esquiadores ciegos, en terreno plano, a doblar a la derecha e izquierda. Cuando dominaron la técnica, se les llevó a una pista de eslalon donde sus compañeros que veían esquiaban al lado de ellos gritando, “¡Izquierda!” y “¡Derecha!”. Al obedecer las órdenes, pudieron lidiar con las curvas y cruzar la línea de meta—dependiendo solamente de las palabras de los esquiadores que podían ver.

En Tim Elmore (2001), La Nutrición del Líder Dentro de Su Hijo [Nurturing the Leader Within Your Child] (Nashville, TN: Thomas Nelson), 4:13.

Confianza en Dios

Años atrás un agricultor tuvo un cultivo de grano inusualmente fino casi listo para ser cosechado. Una granizada llegó repentinamente y destruyó todo el cultivo. Después de la tormenta, el agricultor y su hijo observaban los campos desolados desde la entrada de su casa. Cuando el pequeño niño vio lo que quedó del trigo, las lágrimas llenaron sus ojos. Miró a su padre, esperando oír palabras de desesperación. Sin embargo, su padre comenzó a cantar en voz baja: “Roca de la eternidad, fuiste abierta para mí; sé mi escondedero fiel; solo encuentro paz en Ti”. Años después el hijo dijo al recordar la tragedia: “Ese fue el más grande sermón que jamás he escuchado”.

En Allen Webster (sine data), “La Religión Casera de un Padre”, (Jacksonville, AL: House to House), folleto.

En 1908, Adelaide A. Pollard escribió el hermoso himno: “Haz lo que quieras de mí, Señor”. La Sra. Pollard nació en Iowa en 1862, y fue una poeta y escritora de prosa hábil. Ella estaba convencida de que Dios quería que fuera a África como misionera, pero se desalentó cuando no pudo conseguir los fondos suficientes. Aproximadamente para ese tiempo asistió a un grupo de oración de mujeres, y oyó a una mujer anciana que oraba: “…pero está bien Señor. No importa lo que traigas a nuestras vidas, ¡solamente haz lo que quieras de nosotras!”. Luego, esa noche mientras meditaba en la historia del alfarero en Jeremías 18, recordó esa oración humilde. Eso le inspiró, y en pocos minutos escribió las cuatro estrofas del himno. Un año después el compositor renombrado, George C. Stebbins dio la melodía y la armonía a ese poema que cantamos hasta hoy.

En Allen Webster (sine data), “Confiar y Obedecer”, (Jacksonville, AL: House to House), folleto.

Conocimiento

Conocimiento de las Cosas Secretas

Un abogado de un pequeño pueblo llamó a su primer testigo al estrado en un proceso judicial—una mujer anciana. Se acercó a ella y le preguntó: “Sra. Jones, ¿me conoce?”. Ella respondió: “Sí, le conozco Sr. Williams. Le he conocido desde que era un niño. Y sinceramente, me ha decepcionado mucho. Usted mintió, engañó a su esposa, manipuló a muchas personas y calumnió a otros. Piensa que es la “cumbre del éxito” cuando realmente no tiene ni el cerebro para darse cuenta que es un simple infeliz. Sí, le conozco”. El abogado se quedó atónito. Sin saber qué hacer, señaló al abogado de la defensa y preguntó: “Sra. Jones, ¿conoce al abogado de la defensa?”. Ella respondió otra vez: “Sí, le conozco. He conocido al Sr. Bradley desde que era pequeño. Yo solía cuidarlo. Y él también me decepcionó mucho. Es un perezoso, intolerante y tiene problemas de alcoholismo. Ese hombre no puede desarrollar una relación normal con nadie, y su abogacía es una de las peores en todo el estado. Sí, le conozco”. En ese momento, el juez hizo silencio y llamó a ambos abogados al tribunal. Silenciosamente y con voz amenazante, dijo: “¡Si alguno de ustedes le pregunta a ella si me conoce, irá a la cárcel por difamación en solo cinco minutos!”.

En Marvin Lebman (2004), Una Colección de Bromas e Historias Graciosas del Internet [A Collection of Jokes and Funny Stories from the Internet] (Victoria, Canadá: Trafford), pp. 293-294.

Contentamiento (vea Satisfacción)

Contienda

Un niño preguntó a su padre cómo comienzan las guerras. Su padre respondió: “Bueno, imagina que los Estados Unidos tuviera un desacuerdo con Inglaterra, y…”. La madre interrumpió: “Los Estados Unidos no tiene desacuerdos con Inglaterra”. El padre dijo con tono irritado: “Estoy usando solamente un caso hipotético”. Ella alzó la voz: “Estás confundiendo a Juan”. Él gruñó: “No lo estoy haciendo”. El niño dijo: “Olvídenlo; ahora sé cómo comienzan las guerras”.

En Allen Webster (sine data), “Todo Hombre Sea Tardo Para Airarse” (Jacksonville, AL: House to House), folleto.

Convicción

En 1924, Eric Liddell era el mejor velocista y favorito para ganar la carrera de 100 metros en París. Unas pocas semanas antes de las Olimpiadas, se enteró que las carreras preliminares estaban programadas para el domingo. Él tenía un problema. Creía que era erróneo realizar deportes en el día del Señor. Pero había entrenado la mayor parte de su vida para esta carrera. El Imperio Británico contaba con él para traer una medalla de oro. Las próximas semanas se disculpaba después de la comida cada noche, y horas después regresaba a casa muy cansado. Todos se preguntaban qué estaba haciendo, pero pensaban que esto era su régimen de entrenamiento. Unas pocas semanas después, el mundo descubrió su secreto. Había estado practicando para un evento programado entre la semana que requería un diferente tipo de velocidad y rendimiento. En la ceremonia final, recibió una medalla de oro, no como un velocista, sino como un campeón de la carrera de 400 metros.

En Allen Webster (sine data), “Venciendo al Diablo en Su Propio Juego”, (Jacksonville, AL: House to House), folleto.

Creación

Creación del Universo

Una vez Don Isaac Newton consiguió una réplica en miniatura de nuestro sistema solar. Su centro era una gran bola dorada que representaba al Sol, y a su alrededor había esferas pequeñas conectadas al extremo de varillas de diferentes tamaños. Estas esferas representaban los planetas. Todas las esferas estaban unidas a piezas y rodajes que las hacían girar alrededor del “Sol” en armonía perfecta. Un día cuando Newton estaba estudiando el modelo, un amigo que no creía en el relato bíblico de la creación vino a visitarle. Impresionado por el artefacto y mirando cómo el científico hacía que los cuerpos celestes se movieran en sus órbitas, el hombre exclamó: “Don Newton, ¡qué cosa tan perfecta! ¿Quién lo hizo?”. Sin mirar hacia él, Don Isaac respondió: “Nadie”. “¿Nadie?”, preguntó su amigo. “¡Correcto!”. Todas estas esferas, piezas y rodajes se unieron por casualidad, e increíblemente, comenzaron a girar en sus órbitas fijas y con un ritmo preciso”. El amigo entendió el mensaje. Era tonto pensar que el modelo se había originado solo por casualidad”.

Vea Harold Willmington (1984), Manual de la Biblia de Willmington [Willmington’s Guide to the Bible] (Estados Unidos: Willmington), p. 591.

Crecimiento

Cuando Henry Longfellow tenía muchos años, un admirador le preguntó cómo podía mantenerse tan vigoroso y escribir de manera tan hermosa. Él apuntó a un manzano y respondió: “Ese árbol ha estado allí por mucho tiempo, pero nunca he visto flores más hermosas que las que tiene ahora. Sus ramas exhiben un poco de madera nueva cada año. Como el manzano, yo trato de hacer crecer algo de madera nueva cada año”.

En “Reflexiones Sabáticas” [“Sabbath Musings”], (1907), Farm Journal, 31[5]:265, mayo (Philadelphia, PA: Wilmer Atkinson).

Crianza

Cuando James A. Garfield era presidente de la Universidad Hiram, un padre vino a matricular a su hijo. Pidió un currículo más corto que el regular. El padre explicó: “El muchacho nunca puede lidiar con todo. Él quiere atravesar sus estudios más rápidamente. ¿Puede hacer algunos ajustes para él?”. El futuro presidente de los EE.UU. respondió: “Oh, sí. Él puede tomar un curso corto; todo depende de lo que quiera hacer con él. Cuando Dios quiere hacer un roble, toma algo de cien años; pero toma solamente dos meses hacer una calabaza”.

En Allen Webster (sine data), “La Manera de Cambiar Su Personalidad” (Jacksonville, AL: House to House), folleto.

En las olimpiadas de 1992 de Barcelona, en la carrera de 400 metros, a Derek Redman se le rompió un ligamento cuando estaba en la recta de fondo y cayó en la pista. Se levantó con mucho esfuerzo y comenzó a cojear hacia la línea de meta. Su padre saltó de la tribuna, abrazó a su hijo y dijo: “Vamos, hijo; terminemos juntos”.

En Allen Webster (sine data), “La Barrera del Amor de Dios” (Jacksonville, AL: House to House), folleto.

Una madre preguntó a un psicólogo cuándo debía empezar a instruir a su hijo. Él le preguntó cuántos años tenía el niño. Cuando se le dijo que tenía cinco años de edad, el psicólogo declaró: “Apresúrese a casa. Usted ya ha perdido los mejores cinco años de la vida de su hijo”.

En Allen Webster (sine data), “La Manera en que los Padres Pueden Ayudar a Sus Hijos a Llegar al Cielo”, (Jacksonville, AL: House to House), folleto.

En un tiempo, J. Paul Getty era el hombre más rico en el mundo. Pero su hijo, J. Paul Getty Jr. raramente le veía. De hecho, le veía solamente en ocasiones especiales. Cuando estaba en la secundaria, Getty Jr. escribió una carta especial a su padre. Quería decirle algunas cosas importantes. Su padre le devolvió la carta con todos los errores gramaticales y de deletreo marcados con lapicero rojo. Pero no había respuesta personal de su padre; ninguna palabra. Getty Jr. resumió esa experiencia al decir: “Nunca pude superar eso”.

En El Auto-Perfeccionamiento Hasta la Muerte [Perfecting Ourselves to Death] (2005), (Downers Grove, IL: InterVarsity), p. 9.

Los guardaparques en una conservación de flora y fauna en Suráfrica estaban preocupados por la matanza de 39 rinocerontes blancos raros en su parque. Se averiguó que los rinocerontes no habían sido muertos por cazadores, sino por delincuentes jóvenes—elefantes jóvenes. La historia comenzó una década atrás cuando el parque ya no podía lidiar con el crecimiento de la población de elefantes. Ellos decidieron matar a muchos de los elefantes adultos cuyas crías tenían la edad suficiente de sobrevivir sin ellos. Así que los elefantes jóvenes crecieron sin padres. Con el paso del tiempo, muchos de los elefantes jóvenes comenzaron a vagar juntos en manadas y hacer cosas que los elefantes no hacen normalmente. Tiraban ramas y agua a los rinocerontes y actuaban como matones de vecindarios. Sin machos dominantes, los machos jóvenes comenzaron a ser activos sexualmente, produciendo testosterona excesiva y exhibiendo comportamiento agresivo. Algunos machos jóvenes llegaron a ser excesivamente violentos, golpeando a rinocerontes y pisándoles o arrodillándose sobre ellos, matando a algunos de ellos. Finalmente se tuvo que matar a Mafuto, el elefante líder del grupo. Los guardaparques especularon que estos elefantes jóvenes actuaban mal porque carecían de modelos. La solución fue traer a un macho grande para que les guiara y contrarrestara el mal comportamiento. Pronto el nuevo macho estableció su dominio y puso a los machos jóvenes en su lugar. La matanza paró. Se salvó—e instruyó—a los machos jóvenes.

En Ken Sowers (1999), “Mentor”, 60 Minutes, 20 de enero.

La carrera de Erma Bombeck como escritora abarcó tres décadas, desde mediados de la década de 1960 hasta mediados de la década de 1990. Ella escribió 12 libros y recibió 16 grados honoríficos. Pero tres años antes que muriera de cáncer en 1996, la popular humorista y escritora dijo al entrevistador de ABC TV que, sin importar las columnas que había escrito, su legado sería sus tres hijos. Ella dijo: “Si yo hubiera hecho un mal trabajo con ellos, todo lo demás que hubiera hecho no sería importante”.

En “El Legado de Erma” (2006), De Casa a Casa, 11[4]:4.

Criticismo

Otto Klemperer fue un director de orquestra que nació en Alemania y que murió en 1973. Klemperer era demasiado reservado para elogiar a las orquestas que dirigía. Pero en una ocasión, después de una ejecución particularmente excelente, elogió emotivamente a la orquesta al decir: “¡Bien!”. Los músicos aplaudieron espontáneamente, y la sonrisa de Klemperer inmediatamente se transformó en un fruncir de ceño mientras decía de mala gana: “¡Pero no tan bien!”.

En Paul Holland (2013), “Lidiando con el Perfeccionismo”, Droplets of Living Water, 9 de abril.

Culpabilidad

El Rey Federico II de Prusia (siglo XVIII) visitó una prisión de Berlín, donde todos los prisioneros, excepto uno, trataron de probar que habían sido encarcelados injustamente. Él único que no trató de hacerlo se sentó silenciosamente en una esquina, mirando al resto que protestaba por su inocencia. El rey le preguntó por qué estaba encarcelado. Él respondió: “Hurto a mano armada, su excelencia”. El rey preguntó: “¿Fue culpable?”. Él respondió: “Sí, señor. Merezco mi castigo”. El rey entonces ordenó a un guardia: “Libere a este hombre culpable. No quiero que corrompa a toda esta gente inocente”.

En McCullough, Donald (1998), Di Por Favor, Di Gracias [Say Please, Say Thank You] (Nueva York: Berkley), p. 278.