V

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Venganza

Una mujer, que había sido mordida por un perro, fue al doctor. El doctor le dijo que el perro tenía rabia, y que ella debía someterse a un tratamiento inmediatamente. Sin embargo, ella tomó un lapicero y papel y comenzó a hacer una lista larga. El doctor dijo: “Señora, tenemos un tratamiento para usted. No hay necesidad de escribir un testamento”. La mujer respondió: “Oh, esto no es un testamento. ¡Es una lista de las personas a quienes pienso morder!”.

En Allen Webster (sine data), “Odio, Violencia y Homicidio” (Jacksonville, AL: House to House), folleto.

Vida

  • V Eterna

Una mujer fue diagnosticada con una enfermedad terminal, y se le dio solamente tres meses de vida. Ella pidió que el predicador fuera a su casa para hablar de su funeral. Le dijo qué canciones quería que se cantara en el servicio, qué escrituras se leyera y qué vestido se le pusiera para su entierro. También requirió que se le enterrara con su Biblia favorita. Cuando el predicador se preparaba para salir, ella recordó algo más. “Tengo otra petición”, dijo emocionada. “¿Cuál?”, respondió el predicador. Ella dijo, “Esto es muy importante. Quiero que me entierren con un tenedor en la mano derecha”. El predicador le miró, sin saber qué decir. “¿Le sorprende eso?”, preguntó ella. “Honestamente, estoy intrigado”, respondió el predicador. La mujer entonces explicó, “En todos mis años de asistir a las confraternidades de la iglesia y las comidas que hacíamos, siempre recuerdo que cuando los platos estaban casi vacíos, alguien me susurraba al oído y decía, ‘Conserva tu tenedor. Esa era mi parte favorita, ya que sabía que había algo mejor…como torta de chocolate o pastel de manzana. ¡Algo delicioso! Así que quiero que cuando la gente vea un tenedor en mi mano en el ataúd, y le pregunten, ‘¿Qué significa ese tenedor?’, usted les diga, ‘Ella creía que lo mejor todavía estaba por venir’”.

En “Conserve Su Tenedor” (2010), De Casa a Casa, 15[5]:3, septiembre/octubre. 

Una persona preocupada y curiosa encontró a Ralph Waldo Emerson y le dijo, “Sr. Emerson, la gente dice que el mundo está llegando a su fin”. Emerson calmadamente respondió, “No se preocupe, podemos sobrevivir sin él”.

En E. Stanley Jones (1933), Cristo y el Sufrimiento Humano [Christ and Human Suffering] (Londres: Hodder & Stoughton), p. 198.