EB Global: Enfoque Bíblico / Bible Focus
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Anécdotas

Este es un archivo de EB Global, donde incluimos frecuentemente anécdotas e ilustraciones para sermones y lecciones.

P

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Paciencia

La presión sanguínea de un hombre subió, y su paciencia descendió, cuando el auto de una joven paró en medio del tráfico, y ella no pudo hacerlo funcionar. Ella se sentó allí, molesta y avergonzada, deteniendo el tráfico. En vez de moverse a un lado, él añadió presión al tocar prolongadamente su bocina. Después de algunos intentos más de hacer funcionar su auto, la joven caminó hacia el ruidoso. Con sorpresa, él bajó su ventana. Ella le dijo: “¿Quiere que le diga algo? Vaya y trate de arrancar mi auto, y yo me sentaré aquí y haré sonar la bocina por usted”.

En Allen Webster (sine data), “En Busca de Paciencia” (Jacksonville, AL: House to House), folleto. 

Los clientes en un supermercado estaban poniendo cada vez más atención a un hombre que empujaba un carrito de compras donde había puesto a su bebé que estaba gritando. El hombre decía repetitivamente con voz suave: “No te exasperes, Alberto; no grites, Alberto; no llores, Alberto; tranquilízate, Alberto”. Al oírle, una mujer le dijo: “Se le debe elogiar por tratar de tranquilizar a su hijo Alberto”. El comprador le informó: “Señora, ¡Yo soy Alberto!”.

En Allen Webster (sine data), “En Busca de Paciencia” (Jacksonville, AL: House to House), folleto. 

Una maestra de inicial temía los días lluviosos, ya que esto significaba 35 pares de botas para lluvia con los cuales debía lidiar. Tres veces en un solo día había ayudado a sus pequeños estudiantes a sacarse y ponerse sus botas encimas de sus zapatos regulares. Al final  del día, cuando puso la última bota, el pequeño Juan dijo: “Estas botas no son mías”. ¡Ella había tenido suficiente! Pero continuó y comenzó a quitarle las botas, mientras que el niño observaba en silencio. Cuando terminó, él dijo con seriedad: “Estas botas son de mi hermana, pero ¡mi mamá dice que tengo que usarlas hoy!”.

En Allen Webster (sine data), “En Busca de Paciencia” (Jacksonville, AL: House to House), folleto. 

Un niño de 10 años se sentó en una cafetería, y una mesera le dio un vaso con agua. “¿Cuánto está la copa de helado?”. “Cincuenta centavos”, ella respondió. El niño sacó sus monedas y comenzó a contarlas. “¿Cuánto está solamente el cono de helado?”, preguntó. Otros estaban esperando para ser atendidos, así que ella dijo impacientemente, “Treinta y cinco centavos”. Él otra vez contó sus monedas. “Deme un helado”. Ella rápidamente lo trajo y se marchó. Cuando el niño terminó, pagó a la cajera y salió. La mesera se sintió terrible cuando vio lo que había en la mesa. Colocadas en la mesa había dos monedas de 5 centavos y cinco monedas de 1 centavo—su propina.

En Bob Phillips y Kimberly Alyn (2003/2005), La Manera de Lidiar con Gente Pesada [How to Deal With Annoying People], (Eugene, OR: Harvest House), p. 22, adaptado. 

En el folclore chino, hay una historia de una familia tan feliz que por nueve generaciones ninguno de sus miembros la había abandonado, excepto las hijas que se casaron habían sido llevadas. La fama de tal felicidad doméstica llegó a los oídos del emperador celestial. Él envió a alguien a descubrir el secreto. El padre anciano de la casa tomó papel y pluma y trazó muchos símbolos, luego dio sus respuestas al enviado imperial. Cuando el emperador desenrolló el papel, no había nada más excepto el símbolo para la palabra PACIENCIA repetido 100 veces.

En Allen Webster (sine data), “Cómo Amar a Alguien que Odia”, (Jacksonville, AL: House to House), folleto. 

Se cuenta la historia de una mujer que oró, “Señor, dame paciencia, ¡ahora mismo!”.

En Allen Webster (sine data), “Cómo Amar a Alguien que Odia”, (Jacksonville, AL: House to House), folleto 

  • P, Recompensa de la

Después de su boda, la tía Ema se mudó a una pequeña casa en la hacienda de su esposo. Puso una caja de zapatos en una repisa en el armario, y pidió a su esposo que nunca la tocara. Por cincuenta años, el tío Javier no tocó la caja, hasta que la tía Ema había envejecido y estaba muriendo. Un día cuando estaba arreglando las cosas, él encontró la caja otra vez y pensó que podía contener algo importante. Al abrirla, encontró dos tapetes y $82,500 en efectivo. Llevó la caja donde ella estaba y le preguntó acerca del contenido. “Mi madre me dio esa caja el día que nos casamos”, explicó ella. “Mi madre me dijo que tejiera un tapete para apaciguar la frustración cada vez que me molestara contigo”. El tío Javier estaba muy conmovido que en cincuenta años ella solamente se hubiera molestado con él dos veces. “¿Y para qué son los $82,500?”, preguntó. “Oh, ese es el dinero que gané vendiendo el resto de los tapetes”.

En Mark Stibbe (2009), ¡Las Campanas! ¡Las Campanas! [The Bells! The Bells!] (Oxford, Inglaterra: Monarch), p. 169. 

Padres

  • P, Ejemplo de los (vea Ejemplo de los Padres)
  • P, Amor a los

Unos niños rogaban a su mamá que les comprara un hámster, y después de prometer cuidar de él, su mamá les compró uno. Ellos le llamaron Pepe. Dos meses después, cuando su mamá se dio cuenta que tenía la responsabilidad completa de la criatura, buscó un hogar para él. Los niños aceptaron la partida inminente de Pepe muy bien, aunque uno de ellos comentó: “Él ha estado aquí por mucho tiempo; le extrañaremos”. La mamá respondió: “Sí, pero es demasiado trabajo para una sola persona, y ya que yo soy esa persona, entonces él tiene que irse”. Otro niño sugirió: “Bien, tal vez si no comiera tanto y no fuera tan desordenado se quedaría con nosotros”. Pero la mamá estaba decidida, e insistió: “Es tiempo de llevar a Pepe a su nuevo hogar”. “Vayan a traer su jaula”. Los niños comenzaron a llorar, y exclamaron a una voz: “¿Pepe? ¡Nosotros pensamos que dijiste ‘papi’!”.

En “Que se Quede con Nosotros” (2008), De Casa a Casa, 13[3]:4, mayo/junio. 

Palabras

  • P, Imprudencia de las

Un hombre de negocios se sentó en la silla de lustrar zapatos de un niño para obtener un lustrado rápido. Estaba un poco apurado y notó que el niño tomaba un tiempo inusualmente largo. Finalmente el niño terminó el primer zapato, y luego el otro. Cuando el hombre miró sus zapatos, se dio cuenta que estaban manchados, y lucían peor que al principio. Habló bruscamente al niño, mientras que el niño miraba al suelo y golpeaba la tierra con su zapato. Finalmente, el hombre dijo, “¿Qué explicación tienes que dar?”. El niño miró arriba con lágrimas que corrían por sus mejillas, y con voz entrecortada dijo, “Señor, lo siento por sus zapatos. Mi madre murió esta mañana, y yo estoy tratando de conseguir algo de dinero para llevar flores a su tumba. Creo que mi mente no estaba completamente en mi trabajo”.

En Allen Webster (sine data), “Cómo Amar a Alguien que Odia”, (Jacksonville, AL: House to House), folleto. 

Pasividad

Un hombre estaba paseando con el entrenador de animales de un circo. Pasaron por un área donde guardaban a los elefantes; allí había un bebé elefante que pesaba 300 libras. Tenía una soga alrededor de su pata que estaba atada a una estaca. El pequeño elefante caminaba de un lado al otro todo el día. Ellos continuaron caminando donde había un elefante de 10 toneladas. Ese elefante tenía una cadena alrededor de su pata. Su pata estaba encadenada a una estaca en el suelo. Así como el pequeño elefante, el gran elefante estaba caminando de un lado al otro.

El hombre preguntó al entrenador por qué el elefante no jalaba la estaca y escapaba. El entrenador respondió: Cuando el elefante de 10 toneladas era del tamaño del pequeño elefante, fue atado a una estaca. Los elefantes tienen buena memoria, y ha quedado grabado en su mente que él no puede jalar la estaca, aunque ahora es más grande de lo que solía ser. Si el elefante pudiera darse cuenta de lo fuerte que es, no pudiéramos mantenerle atado a la estaca.

En Allen Webster (sine data), “La Razón por la cual Caleb Vivía en un Monte” (Jacksonville, AL: House to House), folleto. 

Paz

  • P Espiritual

Años atrás un agricultor tuvo un cultivo de grano inusualmente fino casi listo para ser cosechado. Una granizada llegó repentinamente y destruyó todo el cultivo. Después de la tormenta, el agricultor y su hijo observaban los campos desolados desde la entrada de su casa. Cuando el pequeño niño vio lo que quedó del trigo, las lágrimas llenaron sus ojos. Miró a su padre, esperando oír palabras de desesperación. Sin embargo, su padre comenzó a cantar en voz baja, “Roca de la eternidad, fuiste abierta para mí; sé mi escondedero fiel; solo encuentro paz en Ti”. Años después el hijo dijo al recordar la tragedia, “Ese fue el más grande sermón que jamás he escuchado”.

En Allen Webster (sine data), “La Religión Casera de un Padre”, (Jacksonville, AL: House to House), folleto. 

Pecado

Un día una madre y su pequeño hijo estaban caminando a su auto después de la clase bíblica, cuando el niño repentinamente dijo: “Mamá, no voy a pecar nunca más”. La madre sintió mucho gozo, pero luego comenzó a pensar por qué había dicho eso, y le preguntó. El niño respondió: “Jesús dijo que si no pecas, entonces puedes arrojar la primera piedra, y yo quiero arrojar la primera piedra”.

En “Motivación Equivocada” (2008), De Casa a Casa, 13[5]:4, septiembre/octubre. 

  • P, Contaminación del

Un hombre quería vender su casa en Haití por dos mil dólares. Otro hombre quería comprarla; pero, ya que era pobre, no podía pagar el precio completo. Después de algunas negociaciones, el vendedor estuvo de acuerdo en vender la casa a mitad de precio, con una simple condición. Él continuaría siendo el propietario de un clavo pequeño que sobresalía de la puerta de la entrada. Pasaron varios años. El dueño antiguo quería readquirir la casa, pero el nuevo dueño no quería venderla. El primer dueño encontró la carne descompuesta de un perro muerto, y la colgó en el clavo que todavía era suyo. Poco tiempo después, la casa estuvo en venta.

En “Solamente un Clavo” (2008), De Casa a Casa, 13[3]:4, mayo/junio.

Peligro

  • P, Jugar con el

Tres personas habían solicitado el empleo de conducción del autobús escolar a un superintendente de educación de un condado. El superintendente pensó en el siguiente plan para seleccionar al mejor conductor. Llevó al primer solicitante a una curva aguda en una parte empinada de la carretera y le preguntó, “¿Cuán cerca del borde puedes manejar sin caer al precipicio?”. El conductor interesado respondió, “Creo que puedo acercarme a dos pulgadas sin riesgo”. Cuando el segundo conductor oyó la proposición, dijo al funcionario, “Creo que puedo acercarme a una pulga sin caer al precipicio”. Cuando el superintendente llevó al tercer conductor al lugar y le preguntó lo mismo, el conductor respondió, “¿Cree que estoy loco? No estoy interesado en ver cuánto puedo acercarme al abismo en un autobús lleno de niños. Voy a tratar de ver cuán lejos me puedo mantener del peligro”.

En Allen Webster (sine data), “Confiar y Obedecer”, (Jacksonville, AL: House to House), folleto. 

Pensamientos

Se conocía al Presidente Harry Truman por sus largas caminatas. Ese tiempo era más simple que el moderno, y el presidente podía caminar como cualquier otra persona. Una noche mientras caminaba en el Puente Memorial del Río Potomac, Truman tuvo curiosidad en cuanto al mecanismo que levantaba la parte central del puente. Al caminar a través de la pasarela hasta llegar a la parte interna del puente, repentinamente se encontró con el auxiliar del puente, quien estaba comiendo su cena sentado en un bote de metal. El hombre no se sorprendió cuando vio al hombre más poderoso del mundo. Solamente tragó su comida, limpió su boca, sonrió y dijo, “Sabe, Sr. Presidente, justo estaba pensando en usted”. Este fue un saludo que Truman nunca olvidó.

En David McCullough (1992), Truman (Nueva York: Simon & Schuster), p. 623.

Perdón

En 1830, un hombre llamado George Wilson fue arrestado por robar correspondencia y fue sentenciado a la horca. El Presidente Andrew Jackson finalmente le ofreció perdón, pero ¡Wilson rechazó aceptarlo! Las autoridades estaban confusas: ¿se debía liberar a Wilson o debía ser ahorcado? Ellos consultaron al Jefe del Tribunal, John Marshall, quien presentó esta decisión: “El perdón es un papel cuyo valor se determina por la aceptación de la persona de ser perdonada. Si se lo rechaza, no es perdón. George Wilson debe ser ahorcado”.

En Warren Wiersbe (2001), El Comentario Expositivo de la Biblia [The Bible Exposition Commentary] (Colorado Springs, CO: Cook), 1:199. 

Dos hombres estaban hablando sobre el matrimonio. El primero dijo: “Cada vez que mi esposa y yo discutimos, ella se pone histórica”. Su amigo le corrigió: “Quieres decir histérica”. El hombre respondió: “No, quiero decir histórica. Cuando discutimos, ella me hace recordar todo lo que he hecho mal en el pasado”.

En Fred Lowery (2002), Pacto Matrimonial [Covenant Marriage] (Nueva York: Howard), p. 205. 

Cuando la Guerra Civil llegaba a su final, los partidarios del Norte preguntaron a Abraham Lincoln  qué haría con los rebeldes del Sur. Él respondió, “Les voy a tratar como si nunca se hubieran ido”.

En Allen Webster (sine data), “Lo que Dios Quiere Hacer Con Cada Pecador”, (Jacksonville, AL: House to House), folleto.

Batsell Barrett Baxter cuenta la historia de la vez que viajaba en un avión al costado de un hombre ciego que era un ejecutivo. Cuando Baxter le preguntó que causó su ceguera, el hombre respondió que un competidor suyo contrató a un gángster para arrojar ácido en su rostro. Baxter preguntó si sabía quién fue. “Sí, pero no pude probarlo en la corte”, respondió el hombre. Cuando le preguntó si sentía gran resentimiento, el hombre dijo, “Lo sentí por años, pero me di cuenta que yo era el que me estaba haciendo daño. Perdoné a ese hombre e incluso le hice algunos favores en los años recientes”.

En Allen Webster (sine data), “Cómo Amar a Alguien que Odia”, (Jacksonville, AL: House to House), folleto.

Una vez se le preguntó a Clara Barton (fundadora de la Cruz Roja) en cuanto a un agravio que alguien le había causado años atrás. La amiga preguntó, “¿No recuerdas eso?”. Clara respondió firmemente, “No. Recuerdo muy bien que olvidé eso”.

En Barbara Bush (1994), Barbara Bush: Una Autobiografía [Barbara Bush: A Memoir] (Nueva York: Scribner), p. 523. 

Un maniaco denunció, disparó y casi mató a William J. Gaynor, ex alcalde de Nueva York. Mientras yacía en el hospital, luchando por su vida, dijo, “Cada noche, perdono todo y a todos”.

En Dale Carnegie (1948), La Manera de Parar de Preocuparse y Comenzar a Vivir [How to Stop Worrying and Start Living] (Nueva York: Simon & Schuster), p. 104. 

Después de la Guerra Civil en los Estados Unidos, Robert E. Lee, capitán de los ejércitos de la Confederación, visitó el hogar de una mujer sureña, quien le llevó a su huerta donde había un tocón destrozado de lo que una vez había sido un árbol hermoso. Ella explicó amargamente que las tropas de la Unión habían venido y destruido su propiedad. Esperando lástima, se sorprendió al escuchar a Lee decir, “Señora, solamente córtelo y olvídelo”.

En Allen Webster (sine data), “Cómo Amar a Alguien que Odia”, (Jacksonville, AL: House to House), folleto. 

Mientras se acercaba el tiempo de su jubilación, el poeta Edwin Markham descubrió que el hombre a quien le había confiado sus inversiones había gastado cada centavo. El sueño de Markham de una jubilación cómoda se desvaneció en un instante. Él se enfureció; y con el tiempo su amargura creció grandemente. Un día, Markham estaba tratando de calmarse, dibujando círculos en un pedazo de papel. Al mirar otra vez los círculos que había dibujado en el papel, Markham obtuvo la inspiración para escribir las siguientes líneas: “Él dibujó un círculo para dejarme fuera, Hereje, rebelde, algo para despreciar; Pero el amor y yo tuvimos el ingenio para ganar; Dibujamos un círculo y le incluimos en él”. Hoy estas son las palabras más famosas de Markham entre sus cientos de poemas.

Adaptado de “Devocional Diario de Cambio” [“Turning Point Daily Devotional”] (2005), [En-línea], URL: http://website.lineone.net/~andrewhdknock/StoriesA-H.htm.

William Thackeray y Charles Dickens, dos grandes expertos literarios ingleses en el siglo XIX, se convirtieron en rivales. Después de años de odio, se vieron accidentalmente en Londres. Se hablaron fríamente, y luego voltearon para irse. Llevado por un impulso, Thackeray volteó y tomó la mano de Dickens. Dickens se conmovió por el gesto, y ellos se apartaron sonriendo y poniendo fin al antiguo celo. Después de pocos días, Thackeray murió; la próxima vez que Dickens le vio, Thackeray estaba en una tumba. Al relatar la historia, un escritor señaló, “¿No cree que es bueno buscar el perdón ahora?”.

En Allen Webster (sine data), “Cómo Amar a Alguien que Odia”, (Jacksonville, AL: House to House), folleto. 

Perfeccionismo

Otto Klemperer fue un director de orquestra que nació en Alemania y que murió en 1973. Klemperer era demasiado reservado para elogiar a las orquestas que dirigía. Pero en una ocasión, después de una ejecución particularmente excelente, elogió emotivamente a la orquesta al decir: “¡Bien!”. Los músicos aplaudieron espontáneamente, y la sonrisa de Klemperer inmediatamente se transformó en un fruncir de ceño mientras decía de mala gana: “¡No tan bien!”.

En Paul Holland (2013), “Lidiando con el Perfeccionismo”, Droplets of Living Water, 9 de abril.

Positivismo (vea Aptitud)

Prioridades

En 1924, Eric Liddell era el mejor velocista y favorito para ganar la carrera de 100 metros en París. Unas pocas semanas antes de las Olimpiadas, se enteró que las carreras preliminares estaban programadas para el domingo. Él tenía un problema. Creía que era erróneo realizar deportes en el día del Señor. Pero había entrenado la mayor parte de su vida para esta carrera. El Imperio Británico contaba con él para traer una medalla de oro. Las próximas semanas se disculpaba después de la comida cada noche, y horas después regresaba a casa muy cansado. Todos se preguntaban qué estaba haciendo, pero pensaban que esto era su régimen de entrenamiento. Unas pocas semanas después, el mundo descubrió su secreto. Había estado practicando para un evento programado entre la semana que requería un diferente tipo de velocidad y rendimiento. En la ceremonia final, recibió una medalla de oro, no como un velocista, sino como un campeón de la carrera de 400 metros.

En Allen Webster (sine data), “Venciendo al Diablo en Su Propio Juego”, (Jacksonville, AL: House to House), folleto. 

Pesimismo (vea Pasividad)

Prójimo

  • P, Interés por el (vea Interés por el Prójimo)

Protección

Una familia salía de vacaciones en su auto. Las ventanas del auto estaban abiertas y se podía disfrutar la cálida brisa veraniega de un día soleado. De repente una gran abeja entró disparada al auto y comenzó a zumbar dentro. Una pequeña niña muy alérgica a las picaduras de abejas, se agachaba en el asiento trasero. Si la abeja le picaba, ella podía morir en una hora. Ella gritaba de miedo, “Oh, papi, ¡es una abeja! ¡Me va a picar!”. El padre rápidamente se hizo a un lado de la carretera y paró el auto. Extendió su mano para atrapar a la abeja. Zumbando hacia él, la abeja chocó contra la ventana donde el padre la atrapó en su mano. Cerrando su mano, esperó la picadura inevitable. Luego, con dolor, dejó ir a la abeja. La abeja estaba suelta en el carro otra vez. La pequeña niña se alarmó nuevamente, “Papi, ¡me va a picar!”. El padre gentilmente dijo, “No cariño, ahora ya no te va a picar. Mira mi mano”. El aguijón de la abeja estaba en su mano.

En “El Aguijón de la Abeja” (2006), De Casa a Casa, 11[4]:8, julio/agosto. 

  • P Divina

A la hora de dormir, una pequeña niña comenzó a orar con mucha fe. “Diosito Santo, cuida mucho de mi mamá, de mi papá, de mi hermanito, de mis abuelitos y de mí. Pero sobre todo cuida de Ti, porque si no, ¿quién va a cuidar de nosotros?”.

En “Inocencia de los Niños” (2006), De Casa a Casa, 11[4]:4, julio/agosto.

Providencia

  • P Espiritual Divina

El tren pitó su silbato y comenzó a avanzar por los rieles del pueblo natal de un hermano en Hungría. Un agente de aduanas comunista comenzó a chequear todo el equipaje. El hermano tenía un saco de Biblias a sus pies. Al lado suyo, tenía su Biblia personal con notas y sermones. El agente de aduanas miró primero el saco, lo abrió, miró las Biblias y comenzó a tirarlas por la ventana del tren en movimiento. Con rencor, el agente miró la Biblia abierta (obviamente personal) del hermano, la tomó y la tiró a través de la ventana a lugares desconocidos. Por tres años este hermano lamentó el hecho que su buena Biblia con tantas notas y sermones ya no era su compañía constante. Se preguntaba, “Yo creo en Romanos 8:28, pero, Señor, ¿cómo puede esto ayudar a bien?”. Un día recibió su Biblia personal por correo. Había una carta dentro que decía, “Querido Hermano en Cristo, Gracias, gracias por su Biblia. Yo la encontré por la vía del tren tres años atrás. La guardé, la leí y la estudié frecuentemente. Mi familia y yo hemos escrito muchos versículos en papel y muchos más en nuestros corazones. No podemos agradecerle lo suficiente, ya que ahora tal vez podemos ir al cielo… Pero hermano, por favor perdóneme por quedarme con su Biblia por tanto tiempo. Yo pensé que si no la leía ahora, tal vez nunca tendría la oportunidad de encontrar una Biblia para leer. “Oh, Gran Dios y Padre de todos nosotros, perdóname por dudar”, lloró nuestro hermano de Hungría.

En “Perdóneme por Quedarme Con Su Biblia” (2007), De Casa a Casa, 12[4]:7, julio/agosto.

Pruebas (también vea Sufrimiento)

  • P, Propósitos de las 

Una mujer leyó Malaquías 3:3 en la clase bíblica y tuvo suficiente curiosidad como para buscar a un platero para ver lo que significaba. Encontró al platero sentado delante de un crisol, mirando atentamente a un contenedor hirviente. Ella preguntó, “¿Tiene que sentarse allí todo el tiempo o solamente necesita regresar cuando esté terminado?”. Él respondió, “Tengo que mantener mi mirada en el crisol. Si se calienta demasiado, la plata se arruinará. Yo sé que el proceso de purificación ha terminado cuando veo que mi propia imagen se refleja en la plata”.

En Allen Webster (sine data), “La Refinería de Dios”, (Jacksonville, AL: House to House), folleto.

Editorial