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Anécdotas

Este es un archivo de EB Global, donde incluimos frecuentemente anécdotas e ilustraciones para sermones y lecciones.

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Obediencia

Un piloto estaba teniendo problemas en aterrizar su pequeño avión debido a que la neblina no le dejaba ver la pista de aterrizaje, así que el aeropuerto decidió hacerle aterrizar al guiarle por medio del radar. Mientras recibía instrucciones, repentinamente recordó un poste alto en su camino de vuelo. Con pánico se comunicó fervientemente con la torre de control. Se le dio una respuesta directa, “Obedezca las instrucciones; nosotros nos ocuparemos de los obstáculos”.

En Allen Webster (sine data), “Confiar y Obedecer”, (Jacksonville, AL: House to House), folleto.

Odio (vea también Enemistad)

Una mujer, que había sido mordida por un perro, fue al doctor. El doctor le dijo que el perro tenía rabia, y que ella debía someterse a un tratamiento inmediatamente. Sin embargo, ella tomó un lapicero y papel y comenzó a hacer una lista larga. El doctor dijo: “Señora, tenemos un tratamiento para usted. No hay necesidad de escribir un testamento”. La mujer respondió: “Oh, esto no es un testamento. ¡Es una lista de las personas a quienes pienso morder!”.

En Allen Webster (sine data), “Odio, Violencia y Homicidio” (Jacksonville, AL: House to House), folleto.

Olvidar (como significado de “perdonar”, vea Perdón)

Una vez Johannes Tauler se encontró con un mendigo. “¡Qué Dios te dé un buen día, mi amigo!”, Tauler dijo. El mendigo respondió, “Yo doy gracias a Dios que nunca he tenido un día malo”. Luego Tauler dijo, “Dios te dé una vida feliz, mi amigo”. El mendigo respondió, “Doy gracias a Dios que nunca he sido infeliz”. Asombrado, Tauler respondió, “¿Qué quieres decir?”. El mendigo dijo, “Cuando el día es bueno, agradezco a Dios; cuando llueve, agradezco a Dios; cuando tengo lo suficiente, agradezco a Dios; cuando tengo hambre, agradezco a Dios; y ya que la voluntad de Dios es mi voluntad, y lo que le agrada me agrada, ¿por qué debería decir que no soy feliz cuando realmente lo soy?”. Tauler miró al hombre con asombro. “¿Quién eres?”, le preguntó. “Soy un rey”, dijo el mendigo. “¿Dónde está tu reino?”, preguntó Tauler. El mendigo respondió, “En mi corazón”.

En Ian Lyall (2008), Palabras del Púlpito [Words from the Pulpit] (Raleigh, NC: Lulu), p. 66.

Oración

A la hora de dormir, una pequeña niña comenzó a orar con mucha fe. “Diosito Santo, cuida mucho de mi mamá, de mi papá, de mi hermanito, de mis abuelitos y de mí. Pero sobre todo cuida de Ti, porque si no, ¿quién va a cuidar de nosotros?”.

En “Inocencia de los Niños” (2006), De Casa a Casa, 11[4]:4, julio/agosto.

Los padres del pequeño Lucas estaban teniendo problemas en mantenerle en silencio durante el servicio de adoración. Lucas no solamente estaba hablando en voz fuerte, sino estaba comportándose incorrectamente y no quería obedecer. El papá de Lucas no pudo soportar más la situación. Tomó a Lucas en sus brazos, recostándole sobre su hombro, y se dirigió hacia la puerta de salida para disciplinar a Lucas. Cuando ya casi llegaban a la puerta, el pequeño Lucas levantó su cabeza para ver a la congregación, y con lágrimas en los ojos, gritó, “Por favor, oren por mí”.

Adaptado por Moisés Pinedo de un incidente ocurrido en la década de 1990 en una congregación de la iglesia del Señor en el este de Tennessee.

  • Oración, Confianza en la

En un pueblito conservador, un hombre comenzó a construir una cantina. Una iglesia local comenzó una campaña para detener su apertura con peticiones y oraciones. La construcción progresó hasta la semana anterior a la apertura, cuando un relámpago golpeó la cantina y la quemó completamente. Los miembros de la iglesia se sintieron complacidos hasta que el dueño de la cantina demandó a la iglesia, señalando que ellos eran responsables de la destrucción de su edificio, sea por medios directos o indirectos. En su defensa ante la corte, la iglesia negó firmemente toda responsabilidad por la destrucción del edificio. Mientras el caso progresaba, el juez miró los documentos y observó: “No sé cómo voy a decidir acerca de esto, pero parece por los documentos que tenemos a un dueño de una cantina que cree en el poder de la oración, ¡y a una iglesia completa que no cree en ella!”.

En “La Cantina Vs. la Iglesia” (2007), De Casa a Casa, 12[6]:3, noviembre/diciembre.

Orgullo

Muchos años atrás, un hombre en su caballo se encontró con un pelotón que estaba tratando de mover un tronco muy pesado. Un cabo estaba dando la orden con voz fuerte: “¡Levanten!”. Pero el tronco era demasiado pesado para el pelotón. “¿Por qué no les ayuda?”, preguntó calmadamente el hombre en el caballo, hablando al cabo importante. “¿Yo? ¿Por qué? ¡Yo soy el cabo!”. El extraño se bajó de su caballo y tomó un lugar en el pelotón, y dijo: “Ahora, todos juntos, ¡levantemos!”. Finalmente pudieron mover el gran tronco. El extraño volvió a subir a su caballo y dijo al cabo: “La próxima vez que tropiece con un tronco tan grande como para que su pelotón lo levante, vaya a llamar al comandante en jefe”. Este hombre era George Washington.

En Crockett, Kent (2001), Haciendo que Hoy Cuente para la Eternidad [Making Today Count for Eternity] (Colorado Springs, CO: Multnomah Books).

Dos barcos de guerras asignados a un escuadrón de entrenamiento habían estado haciendo maniobras en el clima severo por varios días… La neblina dificultaba la visibilidad… Poco después de la tarde, el vigía reportó: “Veo una luz a estribor”. El capitán preguntó: “¿Está detenida o se dirige a otra dirección?”. El vigía respondió: “Está detenida”, lo cual significaba que iban a colisionar. El capitán entonces llamó al encargado de señales: “Haga señales a ese barco: ‘Estamos en curso de colisión; le aconsejo que cambie su curso 20 grados’”. Se les devolvió la señal: “Se aconseja que ustedes cambien su curso 20 grados”. El capitán dijo: “Envía la señal: ‘Yo soy un capitán; cambie su curso 20 grados’”. La respuesta fue: “Yo soy un marino de segunda clase; es mejor que usted cambie su curso 20 grados”. Para ese momento el capitán estaba furioso. Gritó: “Envía la señal: ‘Estoy en un barco de guerra; cambie su curso 20 grados’”. La luz regresó otra vez, y se le dio la respuesta: “Yo estoy en un faro”. ¡El capitán cambió su curso!

En David Baum (2000), Relámpago en una Botella [Lightning in a Botle], eds. Jean Iversen y Jack Kiburz (Chicago, IL: Dearborn), p. 109, adaptado.

En el tiempo de su apogeo, el boxeador Muhammad Ali siempre declaraba: “Yo soy el mejor”. Una vez abordó un avión y rechazó abrocharse su cinturón de seguridad. La aeromoza se acercó y le dijo: “Sr. Ali, tendrá que abrocharse su cinturón para poder despegar. Ali respondió: “Superman no necesita cinturón de seguridad”. La aeromoza, quien era muy pequeña y tenía una voz muy suave, respondió: “Superman tampoco necesita un avión”. Entonces Ali se abrochó su cinturón.

En Rick Ezell, (2003), Los 7 Pecados de la Gente Muy Defectuosa [The Seven Sins of Highly Defective People] (Gran Rapids, MI: Kregel), p. 17. 

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